Supongo que si te interesa algo, tarde o temprano llega a ti por un medio u otro. En este caso, llega a mí “ O libro do amor “. Este librito es toda una inspiración. Es un compendio de cantares de amor que tiene su origen en los trovadores de la edad media. A medida que los años pasan, el relevo a dichos bardos lo recogen músicos ciegos que tocan diferentes instrumentos por las casas de las aldeas gallegas. Ellos son los transmisores de esa literatura popular. Así pues, se produce un intercambio de sabiduría que viene dada por el contacto vital con la naturaleza, el papel fundamental de la mujer gallega, esa “retranca” y esas relaciones entre hombre y mujer. Debemos entender que en aquellos tiempos, no muy lejanos, no existían las modernidades en las relaciones amorosas y por tanto, se ponía de manifiesto la racionalidad del hombre frente al “romanticismo” de la mujer con un “zasca”.
Los cantares de ciego son historias de sus gentes, aldeanos que dichos ciegos captaban en sus cerebros, desarrollando por duplicado otros sentidos que suplían el de la visión y dejaban volar en forma de canción. Ese parrafeo producía efectos de encantamiento. Algunos eran más picaros y condimentaban un poco más si cabe, el asunto. De este modo, sabemos que existieron gracias a la tradición oral y que algunos se encargaron de recoger en papel, en forma de pliegos de cordel.
¿Por qué esa importancia a dichos cantares?
La creación de arte en diferentes formas, está siempre fundamentada en lo anterior, y eso significa remontarnos a lo antiguo. Por tanto, siempre lo tradicional es a lo que nos agarramos para poder crear, evolucionando pero sin separarse de la raíz. Los nuevos creadores también forman parte de la cadena transmisora. Por eso, es fundamental mantener ese vínculo. Cuando nos despegamos de la naturaleza, de la tradición y de la parte psicológica que es al mismo tiempo, esas ganas de aprender y de vivir en base a la historia, se produce un vacío que puede contemplarse por ejemplo, en canciones que no entiendes ni lo que dicen, ni perduran en el tiempo.
